viernes, 6 de julio de 2007

Mil monos con mil máquinas de escribir

Cuando Homero es elegido presidente de su sindicato, en "La última salida a Springfield" ("Last exit to Springfield"), el Sr. Burns lo invita —o más bien lo obliga a ir, con ayuda de sus golpeadores pagados— a su mansión, para negociar un contrato sindical. Burns le muestra su hogar; pasan por varias habitaciones, cada una con alguna particularidad.

En una de las habitaciones hay mil monos con mil máquinas de escribir, y según Burns, están escribiendo la novela más grande de la historia. Al ver que uno puso "estávamos", con ve corta, le rompe la hoja, indignado, gritándole: "¡Mono tonto!"


Esta escena hace referencia a la afirmación que dice: "Si mil monos, usando mil máquinas de escribir, tipean indefinidamente, alguna vez llegarán a escribir las obras completas de William Shakespeare". Esta afirmación presupone que los monos tipean las teclas al azar, y ya que nunca dejarán de hacerlo, cada combinación posible de letras —la correspondiente a Hamlet, digamos— sucederá.

Además de una obra determinada, los monos producirán ligeras variantes de esa obra. Así, por ejemplo, escribirán Hamlet, pero en lugar de que la última línea sea "A dead march. Exeunt, bearing off the dead bodies; after which a peal of ordnance is shot off", podrá ser "La monada se enloquece".


En un artículo de 1913, el matemático Émile Borel se valió de la metáfora de los monos y las máquinas de escribir para ilustrar lo extremadamente improbable que resulta que se violen las leyes de la Mecánica Estadística. Asimismo, el físico Arthur Eddington tomó esa figura al referirse a la naturaleza de los fenómenos físicos.

En su cuento "La biblioteca de Babel", Jorge Luis Borges, siguiendo una idea similar, imagina al universo como una biblioteca que contiene todos los libros posibles surgidos de combinar un cierto conjunto de símbolos ortográficos:

De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.

2 comentarios:

Jose Cebrian dijo...

Resulta inquietante y bello a la vez el darse cuenta de lo que la estadística es capaz de demostrarnos...

gsnicolas dijo...

Borges es a mis lecturas lo que Los Simpson a mis horas frente a la televisión.

Dejo link a un post relacionado en mi blog, casi tres años después.

Un saludo.